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JoruJoru
Bogotá: la plaza de Bolivar en el centro historico
Foto: Baiji · CC0
Distrito Capital, Colombia

Bogotá: cuántos días necesitas y cuándo ir

Bogotá está a unos 2.600 metros contra un muro de montañas verdes, y de ahí salen las dos cosas que definen el viaje. La primera es el aire: el primer día irás más lento y el café te pegará distinto. La segunda es la temperatura, fresca y gris todo el año, que pilla a casi todo el que hizo la maleta pensando en Colombia y no en Bogotá.

Respuestas rápidas

Lo que se pregunta antes de reservar

¿Cuántos días hay que pasar en Bogotá?

Bogotá necesita dos días para el casco viejo, el Museo del Oro y el cerro que los corona. El tercero suma la catedral de sal, o un domingo para la Ciclovía, que merece cuadrar el viaje.

¿Cuál es el mejor mes para visitar Bogotá?

Diciembre, enero y febrero — El tramo más seco y más soleado del año. Julio y agosto — La segunda temporada seca, ventosa y luminosa.

¿Qué meses conviene evitar en Bogotá?

Abril y mayo — La primera temporada de lluvias, y la más fuerte de las dos. Octubre y noviembre — La segunda temporada de lluvias, y las semanas más grises.

Cuántos días necesita Bogotá

Dos días cubren bien la ciudad: el casco viejo y el Museo del Oro, la montaña que lo corona y uno de los barrios del norte para comer. Son pocas cosas y están cerca unas de otras, lo cual es raro en una capital sudamericana de este tamaño.

El tercer día es para la catedral de sal de Zipaquirá, un día de montaña, o la costumbre dominical por la que de verdad merece cuadrar un viaje. Casi todo el mundo trata Bogotá como escala hacia la costa o el Eje Cafetero, y dos noches es honestamente lo correcto, pero son dos noches que merecen la pena y no que saltarse.

Cómo se reparte la ciudad, y la nomenclatura que la descifra

Las montañas están siempre al este, así que perderse del todo es imposible. La ciudad es una franja larga de norte a sur pegada a ellas, y la nomenclatura te dice exactamente dónde estás en cuanto sabes la regla: las *calles* van de este a oeste y su número sube hacia el norte; las *carreras* van de norte a sur y su número sube hacia el oeste, alejándose del cerro.

Lo otro que te dice la numeración es en qué Bogotá estás. El sur es más pobre y más antiguo, el norte más rico y más nuevo, y la diferencia a lo largo de veinte calles es mayor que en la mayoría de ciudades.

  • La Candelaria — el casco colonial bajo el cerro, con la plaza mayor, las universidades, la colección de Botero y el Museo del Oro. Donde está la historia y donde hay que estar de día.
  • Chapinero — la franja central larga, con los mejores cafés independientes, bares y librerías, y el centro de la noche gay bogotana.
  • Zona G y Zona T — los barrios del norte para comer y salir. Cómodos, caros para el estándar local, y donde duerme la mayoría de visitantes.
  • Usaquén — un pueblo colonial que la ciudad se tragó, con mercado de pulgas los domingos y una plaza que sigue funcionando como plaza de pueblo.
  • Monserrate — el cerro sobre el casco viejo, al que se sube en funicular o teleférico, con la vista que explica la forma de la ciudad de un vistazo.

Dónde dormir, y hablar claro de la seguridad

La fama de Bogotá es peor que su realidad y mejor de lo que merece la confianza excesiva. La versión práctica: el riesgo real es el hurto de oportunidad, la frase que usa la gente de aquí es *no dar papaya* —no ponérselo fácil a nadie— y las reglas son las de siempre. No andar con el móvil fuera, usar aplicaciones en vez de parar taxis por la noche, y preguntar en el alojamiento qué manzanas concretas evitar.

Eso condiciona dónde dormir. En La Candelaria están los sitios que se visitan y es un asunto mixto al caer la noche; los barrios del norte transmiten seguridad y comodidad y están a veinte minutos de todo lo histórico.

ZonaA quién le encajaEl pero
La CandelariaAndar a los museos, a la plaza y al funicular, y las camas con mejor precio.Se vacía y cambia de carácter de noche; vuelve en taxi en vez de andando.
Chapinero AltoCafés, bares y un barrio de verdad, a medio camino entre lo viejo y lo nuevo.Con cuestas, y más lejos del centro histórico de lo que sugiere el mapa en hora punta.
Zona GRestaurantes en la puerta, calles tranquilas y hoteles cómodos.Cara para el estándar bogotano, y te toca desplazarte a todo lo histórico.
UsaquénAire de pueblo, el mercado del domingo y buena comida sin los precios de la Zona G.Muy al norte: el casco viejo queda a un trayecto largo.
Cerca del aeropuertoUna salida muy temprana.Allí no hay nada, y el tráfico hacia el centro es impredecible de todas formas.

La altitud, y qué le hace de verdad al primer día

Dos mil seiscientos metros es lo bastante alto para notarse y no lo bastante para ser peligroso en la mayoría de casos. Lo que hace es sutil y constante: las escaleras cuestan más, te deshidratas antes, el alcohol pega más y la primera noche se duerme mal. Nada de eso impide un viaje; todo eso explica por qué el primer día se hace más pesado de lo que decía el mapa.

El remedio es aburrido y eficaz: llegar, hacer algo llano, beber más agua de la que parece necesaria y dejar el cerro para el segundo día. Subir directo a Monserrate —que añade otros quinientos metros— a las pocas horas de aterrizar es el error estándar.

  • Deja Monserrate para el segundo día, y sube en funicular o teleférico en vez de por el camino si acabas de llegar.
  • El alcohol pega bastante más a esta altura. El aguardiente local no es la bebida de tu primera noche.
  • El té de coca se ofrece en todas partes y aquí es legal y normal, aunque puede dar positivo en un control y no se puede llevar a casa legalmente.
  • Bebe más agua de la que crees necesitar. El aire es seco además de ligero, y buena parte de lo que aquí se llama mal de altura es deshidratación.

Cómo moverse, y el domingo que cambia la ciudad

Todavía no hay metro —se está construyendo uno— y la columna vertebral es el TransMilenio, un sistema de autobuses en carril exclusivo con estaciones con andén. Es rápido, barato y comprensible en cuanto tienes tarjeta, y va de verdad lleno en hora punta de una forma que sorprende.

Lo que merece planificarse es la Ciclovía. Todos los domingos y festivos, más de cien kilómetros de vías principales se cierran al coche desde la mañana hasta primera hora de la tarde y se llenan de gente en bici, corriendo y andando. Funciona desde los años setenta, es gratis y la han copiado ciudades de todo el mundo. Si tu viaje incluye un domingo, esto es lo que hay que hacer con él.

  • Saca una tarjeta Tullave para el TransMilenio. Pagar por viaje sin ella no es posible en casi toda la red.
  • Usa aplicaciones en vez de parar taxis en la calle, sobre todo de noche. Es el consejo local estándar, no cautela de visitante.
  • Alquila una bici para la Ciclovía —hay puestos a lo largo del recorrido— y empieza temprano, porque termina a primera hora de la tarde.
  • El tráfico es duro e impredecible. Dale a cualquier trayecto al aeropuerto mucho más tiempo del que sugiere la distancia.

Cómo funciona comer aquí

En Bogotá se come mucha sopa, y a esta altura y con este clima tiene todo el sentido. El menú del mediodía —sopa, un principal con arroz y un jugo— es la comida de diario y lo que mejor sale de precio, servido al mediodía desde los puestos de plaza hasta los restaurantes de los barrios de oficinas.

Lo otro que hay que saber es la fruta. Colombia cultiva cosas que no viajan y que la mayoría de visitantes no ha visto nunca, y la carta de jugos de cualquier café es más larga que la de comida. Pedir uno que no sabes identificar, en agua o en leche, es el movimiento estándar y es como casi todo el mundo encuentra su favorito.

  • El menú del mediodía es la mejor comida barata, y es lo que come casi todo el mundo a tu alrededor.
  • El chocolate se sirve con queso dentro, que se echa y se come con cuchara según se derrite. Suena mal y no lo está.
  • La propina suele ser un cargo voluntario que se añade a la cuenta y se anuncia en voz alta. Puedes decir que no.
  • La escena del café en Bogotá es reciente y muy buena. Colombia exportó su mejor grano durante décadas; los cafés que lo retienen son un fenómeno nuevo.

Dónde comer en Bogotá, y qué pedir

Aquí la comida es de tierra fría —sopas, papa, maíz y cosas que abrigan— y no se parece en nada a la cocina costeña colombiana que se exporta. Come el menú del mediodía, pide una sopa que no sepas pronunciar y bébete un jugo del que no hayas oído hablar. Lo que sigue es de esta ciudad y de esta altura.

  • Ajiaco

    Qué pedir

    El plato propio de la ciudad, y lo único que hay que comer aquí

    Una sopa espesa de pollo y papa hecha con tres papas distintas y una hierba local que le da el sabor, servida con crema, alcaparras, aguacate y mazorca aparte. La hierba es lo que la hace y no crece en todas partes, por eso la versión de fuera de la sabana nunca es igual. Échale todo lo que te pongan.

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  • Changua

    Qué pedir

    El desayuno, y lo más raro y bueno de esta lista

    Un caldo de leche con cebolla larga, un huevo escalfado dentro y pan del día anterior desmenuzado. Es desayuno de tierra fría, se sirve temprano y está pensado para una mañana helada en altura. Suena poco prometedor y es exactamente lo correcto a las siete de la mañana aquí.

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  • Tamal

    Qué pedir

    Desayuno de domingo, envuelto en hoja

    Masa de maíz con carne, arroz, garbanzos y verduras, envuelta en hoja de plátano y cocida al vapor durante horas. Es cosa de fin de semana —de domingo por la mañana sobre todo— y las versiones regionales difieren lo suficiente como para que los colombianos discutan sobre ellas. Cómetelo con chocolate, que es la pareja local.

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  • Aguapanela

    Qué pedir

    La bebida que hay en todas las casas de tierra fría

    Panela disuelta en agua caliente, que se bebe sola, con limón o con queso dentro. Es la bebida diaria de la Colombia rural y lo que te dan cuando tienes frío, estás cansado o estás malo. No cuesta casi nada y está en todas las cartas, normalmente al final.

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  • La Candelaria

    Dónde buscar

    Dónde comer mientras ves el casco viejo

    El barrio colonial bajo el cerro, con los museos, el ambiente universitario y los menús del mediodía más baratos de la ciudad. Las manzanas de alrededor de las universidades son donde hay que comer aquí, no los restaurantes de la plaza mayor, que cobran por la vista. Ve a mediodía, cuando está todo abierto y lleno.

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Cuándo ir, y qué te cuesta cada mes

A esta altura y tan cerca del ecuador, la temperatura apenas cambia a lo largo del año: hace fresco todos los días y frío todas las noches, en todos los meses. Lo que cambia es la lluvia, que llega en dos temporadas húmedas y dos más secas. Lo más útil que se puede saber es que en julio hace falta chaqueta igual que en diciembre.

  • Diciembre, enero y febrero

    Ve ahora

    El tramo más seco y más soleado del año

    Los cielos más limpios, las tardes más fiables y la mejor visibilidad desde el cerro. Diciembre es festivo y con mucho viaje interno; enero y febrero son más tranquilos e igual de secos. La mejor ventana si quieres ver la ciudad en vez de resguardarte de ella.

  • Julio y agosto

    Ve ahora

    La segunda temporada seca, ventosa y luminosa

    La otra ventana seca, bastante más ventosa que la primera, con mañanas despejadas y sol fuerte de tarde. Es también cuando se concentran los grandes festivales culturales de la ciudad: sus fechas se mueven de un año a otro, así que compruébalas en vez de darlas por hechas. Buen precio fuera de esas semanas.

  • Marzo, junio y septiembre

    Merece la pena, pero

    Los bordes, más baratos y menos previsibles

    Meses de transición que te dan mañanas despejadas y tardes mojadas sin un patrón fijo. Perfectamente manejables si pones el cerro y las caminatas antes de comer. La Semana Santa se mueve entre marzo y abril y vacía la ciudad porque se va la gente de aquí, lo que es una ventaja poco habitual.

  • Abril y mayo

    Piénsatelo

    La primera temporada de lluvias, y la más fuerte de las dos

    Lluvia sostenida de tarde casi a diario, nubes bajas que tapan los cerros y las vistas del funicular desaparecidas. A los museos y a la comida no les afecta y los precios son los más bajos del año. Si vienes por Monserrate y la Ciclovía, esta es la ventana equivocada.

  • Octubre y noviembre

    Piénsatelo

    La segunda temporada de lluvias, y las semanas más grises

    El tramo más húmedo del año, con octubre normalmente como peor mes. Llovizna persistente más que tormentas espectaculares, y días grises y cortos. Todo lo de interior funciona perfectamente; todo lo que dependa de una vista, no.

Cosas que cambian el viaje

  • Trae chaqueta de abrigo e impermeable, en cualquier mes. Es el error que comete casi todo el que visita: Bogotá es fría y húmeda todo el año.
  • Date un primer día llano y deja Monserrate para el segundo. Dos mil seiscientos metros se notan.
  • Apréndete la nomenclatura: calles de este a oeste, carreras de norte a sur, cerros siempre al este. A los diez minutos no necesitarás mapa.
  • Si tu viaje incluye un domingo, haz la Ciclovía. Cien kilómetros de vías cerradas, gratis, y lo mejor que hace la ciudad.
  • Come el menú del mediodía, y pide un jugo de una fruta que no sepas identificar. Las dos cosas no cuestan casi nada.
  • Usa aplicaciones de noche en vez de parar un taxi. Es lo que hace la gente de aquí y no es paranoia.

Planifica Bogotá contando con la altura

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